
Afuera hace frío y las ventanas tienen agua helada por ambas caras (el placer escondido de pasar el dedo por el vidrio y pintar una carita o un gato barrigón). A mi lado, Iris busca en un diccionario alguna palabra en Italiano. En mi mente mientras tanto se revuelve la imagen de un hombre rubio acalorado en aguas sulfurosas (pienso, en cal, y me río), una carretera empedrada, el cristal liquido del mezcal de punta, un hombre encendiendo una vela y Chejov bajo un parabrisas. Estoy contenta, con una contentez de la buena: unos cuantos días (ni muy muy, ni tan tan) en una pintoresca ciudad aguerrida. Sus habitantes personajes de una novela digna del lejano oeste (una buena, una de esas que se disfruta, con sus litros y litros de aguardiente, sus malas palabras y sus noblezas desperdigadas como el bien más puro).
Hay viajes que te relajan. Hay viajes que te conquistan. Hay viajes que se vuelven parteaguas de llantos, y los hay, como éste, de tirabuzón, de golpe de aire. Un viaje para despertar, para estar calmada, para recordarme que hay gente fantastico-maravillosa en lugares fantástico-maravillosos que aún me faltan por recorrer. Para recordar que hay mucho que compartir (me veré en los próximos días haciendo una caja para Iris y Rigo seguramente); porque compartir es la mejor forma de agradecer.
Mañana regreso a Michoacán y tengo muchas cosas que hacer; muchos retos que afrontar, y cada logro alcanzado debe volverse un agradecimiento, un tributo, una afirmación,de que se ha vivido con, para y por los otros, tanto como para uno mismo. Aprendí, cual Freddy Turbina, del equilibrio espiritual...
Y claro, aprendí también que tengo mucho que aprender y se me hincha el pecho de las ganas: las Pleyades, Campeche, la nobleza de la amistad y otro tanto. Un camino que tengo que hacer sola, si, pero contenta.
Hay viajes que te relajan. Hay viajes que te conquistan. Hay viajes que se vuelven parteaguas de llantos, y los hay, como éste, de tirabuzón, de golpe de aire. Un viaje para despertar, para estar calmada, para recordarme que hay gente fantastico-maravillosa en lugares fantástico-maravillosos que aún me faltan por recorrer. Para recordar que hay mucho que compartir (me veré en los próximos días haciendo una caja para Iris y Rigo seguramente); porque compartir es la mejor forma de agradecer.
Mañana regreso a Michoacán y tengo muchas cosas que hacer; muchos retos que afrontar, y cada logro alcanzado debe volverse un agradecimiento, un tributo, una afirmación,de que se ha vivido con, para y por los otros, tanto como para uno mismo. Aprendí, cual Freddy Turbina, del equilibrio espiritual...
Y claro, aprendí también que tengo mucho que aprender y se me hincha el pecho de las ganas: las Pleyades, Campeche, la nobleza de la amistad y otro tanto. Un camino que tengo que hacer sola, si, pero contenta.
Contenta
Janik