4.23.2007

Lo último que nos faltaba...

Uno ya no sabe a dónde va a para México o si ya no va a parar o si ya estamos completamente parados... En estos momentos me preguntó qué o para qué estoy esperando. Uno podría llevar su vida ignorando los problemas económicos, políticos y sociales y ser feliz. Restringir el ámbito de preocupación al desayuno, la tarea y el color de los zapatos. Ser como el escribiente ante cualquier otra toma de postura, responder amablemente "preferiria que no, que no me preguntaran". ¡Que cómoda vida sería esa!
Quizás en el fondo esa es la vida que llevamos con intermitentes pajas mentales de preocupación. Pero descartando la opción de las pajas mentales, más por negación que por tener un argumento válido, podemos decir que optamos por preocuparnos por la económia, la educación, la política y todo eso.
Sin éxito. Ni logramos cambiar al mundo, ni ver el "granito de arena" ni nada. Puro desgaste nomás. Y que no me vengan con no perder la esperanza, peor es nada, algo se logra o con que nomás me quejo y no propongo...
Porque eso es lo último, me he metido en propuestas de ley, en mitins, pancartas, clases de historia a casas hogar, en clases de literatura para ancianos, marginados, donaciones de libros y juguetes, alfabetizaciones, recolectas de basura, reforestaciones citadinas, foros ecológicos y en toda madre social a la que le he tenido fé, aunque sea poquita. Sé de experiencia que si, aprendes, logras, ayudas pero al final todo sigue peor o incluso más grave. Y luego me vienen esos que dicen que uno es conformista o que nada más se queja o que no haces nada por no ser del Che... Por donde van ya fui y regrese o me moví por lo menos. Al final te das cuenta que no puedes cambiar al mundo que no importa, que lo del grano de arena son mamadas, te preguntas: ¿Qué más hacer? ¿A qué país me cambio? En la tarde le dije a mi Tía, después de ver el video: Tía llevame contigo a Alemania. Ella me respondío: Claro que te llevo, pero los idealistas como tu: hacen y hacen y se quejan y se quejan -risa- la gente no aprende, la que debe de aprender eres tú. Y yo me quede callada.
¡No me cambio ni aunque me paguen. México, México Rararra!
Janik

4 comentarios:

rc dijo...

Estudiar filosofía, Janik, es un poco jugarle a ser tan fuerte como el fortachón de Atlas: querer cargar nada más y nada menos que el mundo mismo. ¿A poco no?

Saluditos.

bandala dijo...

Tu tía se aventó una verdad del tamaño de CU. Eso también me recordó otra frase: "Antes trababa de cambiar al mundo. Ahora trato de que el mundo no me cambie a mí".
Abrazos idealistas.

Esponjita dijo...

Bonita cosa: yo encontré el post el 25 de abril, así que pues ni mode de marcarle a Beatriz Paredes.

Todavía no me quedan claras todas las reformas, pero si la cosa está como dice aquí en esta página
http://www.esmas.com/noticierostelevisa/mexico/432747.html
parece que no está tan mal el asunto (sólo hallé información en Televisa, juro que busqué en más lugares)

Sobre el idealismo:
no se achicopale, los grandes cambios se dan cuando deben de darse. Uno debe hacer lo que debe hacer, y eso no implica tomar el auditorio de la fac, ni pintar muchos carteles una vez a la semana, y ni siquiera marchar u organizar marchas. Basta que haga bien lo que debe hacer: pensar.
Ya ve: el Sup llegó a Chiapas para enseñarles a Althusser y resultó que él aprendió más cosas de las que fue a enseñar. Madero era espiritista, y Villa, quien fuera bandolero, cuando la situación lo pidió, se volvió el genio armado de la revolución.
Usté prepárese en hacer bien lo que sabe: no sabe el momento en que tanta sabiduría será provechosa...

la esponja neutra

Anónimo dijo...

ATLAS

Cristina Peri Rossi

Sostiene el universo sobre sus hombros. No debe asombrar a nadie,
pues éste ha dado múltiples pruebas de su desequilibrio. Sostener el
universo sobre los hombros es una tarea absorbente y delicada, que exige
toda su concentración; no puede permitirse distracciones, ni pausas, ni
paseos por los lagos, ni viajes de placer. Tampoco puede desempeñar otra
tarea (no puede tener un interesante empleo en la administración pública, ni
trepar la pirámide de la iniciativa privada); no ha buscado esposa ni tiene
hijos. Es, también, una tarea silenciosa y poco brillante, por la cual no
recibe tarjetas de felicitación a fin de año, ni aguinaldo, ni premios
especiales. Nadie parece prestar demasiada atención al hecho de que
sostiene el universo sobre sus hombros, como no se presta atención al
empleado de los retretes públicos; ambos saben que son tareas silenciosas
pero imprescindibles.

No siempre sostuvo el universo sobre sus hombros; los primeros años
de su niñez transcurrieron sin esa responsabilidad, pero no fueron muchos;
tiene una imagen desvaída de esa época, quizás porque el peso de sostener el
universo le ha arruinado la memoria.

No discute el hecho de que sea él y no otro quien sostiene el
universo; lo acepta de una manera visceral, quizás porque se trata de un
fatalista que no cree en la posibilidad de modificar sustancialmente las
cosas. Hace su trabajo con concentración, aunque a veces siente el deseo
de pasear, de tomarse unas vacaciones.

No discute con nadie la índole de su trabajo y le gustaría que
alguien, al verlo sostener el pesado universo sobre sus hombros, le
sonriera. Pero si esto no ocurre (y de hecho: no ocurre), tampoco se
deprime. Ha conseguido instalar en sí mismo una sabia indiferencia ante
los placeres mundanos (que de todos modos le estarían vedados por la índole
de su trabajo), la comodidad, el lujo y las aficiones de la carne. Carece
de cualquier clase de religión y no atribuye a su tarea ningún sentido
místico: detestaría ser el origen de una corriente religiosa o política.

Ahora que su salud declina (es un ser mortal como cualquier otro),
se pregunta quien será el llamado a sustituirle. No tiene descendencia y no
cree que, de todos modos, se trate de un cargo hereditario. Tampoco piensa
que la elección dependa de alguna clase de mérito social, intelectual o político. Sabe que es una tarea pesada, ingrata, mal remunerada, pero la única frente a la cual no existe opción. No conoce quienes fueron sus antepasados, en el cargo, y posiblemente le esté vedado conocer a su sucesor. Pero quizás por efectos de la vejez, recuerda con especial ternura al niño que un día comenzó a sostener el universo sobre sus hombros. No juzga de ninguna manera a los hombres y mujeres que exonerados de esa tarea, se dedican a otras ocupaciones.

Lo que más le molesta es no ir al cine.


(Lo transcribió quien en otros lares se hace llamar el cuero cabezudo).

PD Quizás una mejor imagen de la condición humana sea Sísifo; por ello la escogió Camus; tienen razón esponjita y beto perdido: los filósofos y todo aquel que pueda dedicarse a pensar un poco, sin que lo ocupen actividades más apremiantes, como cazar un mamut para la cena, está convencido, ocasionalmente, que sostiene al mundo... Un mundo desquiciado...

¿Qué el Atlas no es un equipo de fútbol?