Cuando leí Aşk, de Elif Şafak sentía verdadera náusea por el personaje de Ella: una mujer que había estudiado Literatura Inglesa, para luego casarse sin amor con un dentista y terminar siendo una obesa ama de casa con la única meta en la vida de ver crecer a sus retoños, y cuyo premio de satisfacción le llega cuando sus hijos crecen y ella se convierte en redactora de résumenes para una editorial pequeña.
Y lo supe desde siempre: le tenía tanta aversión, tanto odio, tanta náusea, porque representaba todo aquello a lo que una mujer como yo puede tenerle miedo. Al fracaso como "intelectual", como "escritora", como "mujer libre".
Aún pensar en ella me da náuseas. Y habrá quien me diga que al final ella cambio su vida, que fue capaz de salir de la espesa vida común que la asfixiaba... pero no, para mí, quien sale de la nata del fracaso cuando se dejo hundir en él de antemano, no puede alcanzar la redención, acaso entonces la condecendencia de la lastima...