Todo se construye.
Uno va al cine, se atasca de películas de arte, o se atasca de The big bang theory. Uno viaja, lee libros y va a la escuela. Los intelectuales, o los que intentan ser intelectuales, o los que nos interesamos por pensar ya sea porque no tenemos demasiada belleza física o porque alguna suerte de trauma psicólogico de la infancia desvió nuestra visión hacia nosotros mismos (la re-flexión), bueno, nosotros lo hacemos más. La idea es que llenándote de estímulos vas a aprender más y crecer más. Sientes que haces cosas y que ese ritmo de cosas te enseña otras.
Eso es cierto. Entre más estímulos tengas más aprendes... lo malo de la visión es que hasta esa comprensión deja de lado otro tipo de aprendizaje; el aprendizaje de la vida cotidiana, el aprendizaje de los estímulos que de tan comunes se vuelven ir-reflexivos. El aprendizaje que viene de comer una sopa, de tender tu cama en la mañana o de hacer la lavandería un lunes temprano. Los artistas y los intelectuales olvidan comúnmente que allí también se aprende; es más fácil aprender de estímulos fuera de lo común que de la vida diaria. Por eso a veces cometen el error de menospreciar a quienes no ven cine de arte, o leen libros de autores franceses o quienes no viajan. Sin embargo, esos hombres que trabajan a diario, o esas mujeres que jamás salieron del hogar, o cualquiera que haya entornado los ojos con suficiente detenimiento frente a la vida cotidiana, sabra cosas sobre el vivir que no sacarás de ningun análisis de libros o de ningún film ruso del siglo pasado.
Y es tan fácil hacer un conteo de cuantos "arte" y de "cuantas cosas" se han aprendido en la semana, y es tan difícil echar un ojo hacia el fondo de uno para desdoblar cómo y de qué manera hemos aprendido a vivir.
Cuando me imagino las entrevistas de trabajo "perfectas", me imagino entrevistadores que buscan cualidades como: "Completa seguridad de si misma, Capacidad de hacer reír a los otros, Conocimiento de cuando un hombre la va a engañar, o alta habilidad para saber cuando alguien es malo con sólo platicar 5 minutos". Entonces mi abuelita, que no acabó la primaria pero que tanto nos ha enseñado sobre como vivir, tendría todos los puestos ejecutivos del mundo.