Gerardo Deniz
PROMISCUOS
SOPA de víboras, hervimos –uno entre todas, una entre todos-
jugando a la melosos, intercambiando palmos, decímetros.
Hechos de retacería. Cruzándonos.
Recuerdo de quién fue la parte que aquí tuviste.
No innata casi. De eso poco queda.
Dónde la entregas ahora,
por qué calle, en cuál número, sobre qué cuatro patas.
Lo mejor que damos era de alguien nos lo dio.
Lo mejor que dimos lo mas alguien de alguien.
Crossover.
Este tramo arcoíris que reparto al azar, tuyo,
¿de qué ajeno procede?
Como te quiso, dirían los crooners,
para haberte dejado lo que ofrezco sonriendo y jadeante.
A estas horas ya nada es ya de nadie. Quiasmas.
O ese pálpito –ligeramente abyecto-
que llega a veces raras,
¿será cuando al ir devolviendo nos devuelven,
casualidad desde a quinta o séptima potencia,
un segmento que fue propio muy de veras hace siglos,
y sin reconocerlo nos retorna – pulsado, tostado al sol,
milvivido:
intacto?
***
INQUISICIÓN
No es el amor quien muere
somos nosotros mismos.
No es el amor quien muere
somos nosotros mismos.
No cura el tiempo. El tiempo verifica.
Cuando llame
abrir pronto,
que se instale en la cocina a calentar hierros y aceite, prestarle las tijeras , la piedra de amolar.
Luego, en el patio, en medio del círculo aterrado de niños y vendedores ambulantes,
aullar a cada gota ardiendo, convulsionarse bellamente bajo cada sabia incisión hecha pour voir
y al fin dar las gracias –no cuesta- por el certificado (válido hasta mañana):
que aún vive, que aún le vuelve la saña;
hay tejidos chirriantes; otros , aunque cedizo responde todavía.
(Me agradecen que aquello pasó
-aquello que dolía por las tardes bajo mi filo perpetuo
disfrazado de esquina, de fecha, de cáscara-,
sin saber que ahora es signo de miasis en progreso; no asunto nuestro ya.
Huyendo de mis pruebas dio a la muerte una parte
y me llaman –otra vez- curalotodo. Yo no curo. Ni mato. Yo sólo
verifico)
Cuando llame
abrir pronto,
que se instale en la cocina a calentar hierros y aceite, prestarle las tijeras , la piedra de amolar.
Luego, en el patio, en medio del círculo aterrado de niños y vendedores ambulantes,
aullar a cada gota ardiendo, convulsionarse bellamente bajo cada sabia incisión hecha pour voir
y al fin dar las gracias –no cuesta- por el certificado (válido hasta mañana):
que aún vive, que aún le vuelve la saña;
hay tejidos chirriantes; otros , aunque cedizo responde todavía.
(Me agradecen que aquello pasó
-aquello que dolía por las tardes bajo mi filo perpetuo
disfrazado de esquina, de fecha, de cáscara-,
sin saber que ahora es signo de miasis en progreso; no asunto nuestro ya.
Huyendo de mis pruebas dio a la muerte una parte
y me llaman –otra vez- curalotodo. Yo no curo. Ni mato. Yo sólo
verifico)
***
Poemas de Gerardo Deniz, encontrado en hojas espejos en Gatuperio. Así de repente, encontramos algo de alguien que esta hablando por nosotros o que nos esta hablando a nosotros exactamente de lo que hemos vivido. (Hay algunos que pertenecen a nosotros sin que nadie lo sepa). No podemos hacer completamente cerrados los recuentos de "la vida" . Por eso es hora de los recuentos de fin de año. Inevitables.
3 comentarios:
promiscua, como las flores que por hermosas van de mano en mano.
Es un gran poeta que no conocía.
Muchos besos, deseando que pases felices fiestas!
:)
JOJOJOJO FELIZ NAVIDAD!!! JOJOJOJOJO
Publicar un comentario