Nomás apunte esto aquí por poner algo, de repente me nace la inspiración de escribir como hablo (osea que lean esto con mi caracteristica sonrisa bonachona de matriarca en potencia ) Nomás pa que no digan que hablo sin llegar a nada (que igual lo diran e igual estarán en lo cierto) les pegó por amor al arte este poemita que de Yorgos Seferis, Mitos y legumbres de eso debieramos de vivir todos los días. (Aquí una cancioncita de fondo que diga: come del color verde, chayotes y coliflores, come mitos y leyendas con sal)(madres! De publicista me despiden!... es que crecia a la sombra de: tres a cinco años al kinder debes ingresar)
Buenas noches !!!(sigo preguntandome quien lee esta cosa)
YORGOS SEFERIS
Esmirna 1900- Atenas 1971
I
Al mensajero lo esperamos tres años con la mirada fija
vigilando de cerca
los pinos la playa y las estrellas.
uniéndonos con el filo del arado o con la quilla del navío
tratábamos de hallar de nuevo el germen primero
para que recomenzara el antiquísimo drama.
Volvimos a nuestras casas destruidos
con miembros debilitados, con la boca corroída
por el gusto del moho y la salmuera.
Cuando despertamos partimos hacia el norte, extranjeros
hundidos en brumazones pro las alas inmaculadas de los cisnes que nos herían.
En las noches invernales nos enloquecía el viento impetuoso del oriente,
en el verano nos perdíamos en la agonía del día que no podía expirar.
Trajimos de vuelta
estos bajorrelieves de un arte humilde.
II
Todavía un manantial dentro de una gruta.
Antes nos era fácil extraer imágenes y adornos
para que se alegraran los amigos que aún nos eran fieles.
Rompiéronse las ataduras: sólo las marcas en el brocal de la noria
nos recuerdan nuestra pasada felicidad:
los dedos en el brocal, como decía el poeta.[1]
Los sienten un poco el frescor de la piedra
al que domina el calor del cuerpo
y la gruta juega su alma y la pierde
en cada instante, plena de silencio, sin una gota.
III
Desperté con esta cabeza de mármol en las manos
que me agota los codos y no sé dónde apoyarla.
Ella caía al sueño cuando yo salía del sueño
así se unieron nuestras vidas y será muy difícil que se separen otra vez
Observo los ojos: ni abiertos ni cerrados
hablo a la boca que de continuo ansía hablar
sostengo las mejillas que sobrepasaron la piel.
No tengo otra fuerza:
mis manos desaparecen y se me acercan
mutiladas.
IV
Y un alma
si quiere conocerse
en otra alma
debe mirarse:[2]
al extranjero y al enemigo lo vimos en el espejo.
Eran buenos muchachos y compañeros, no se quejaban
ni de la fatiga ni de la sed ni del hielo,
se comportaban como los árboles y las olas
que aceptan el viento y la lluvia
aceptan la noche y el sol
sin cambiar en medio del cambio.
Eran buenos muchachos, días enteros
sudaban en el remo con los ojos bajos
respirando cadenciosamente
y su sangre enrojecía una piel sumisa,
Cierta vez cantaron, con ojos entornados
cuando cruzamos el islote desierto de las higueras árabes
hacia el oeste, más allá del cabo de lo perros que ladran.
Si quiere conocerse, decían
debe mirar otra alma, decían
y los remos golpeaban el oro del piélago
en el ocaso del sol.
Pasamos muchos cabos muchas islas, el mar
que trae al otro mar, gaviotas y focas.
De vez en cuando unas mujeres desdichadas
lloraban a sollozos sus hijos perdidos
y otras enojadas buscaban a Alejandro Magno
y glorias sumidas en las profundidades del Asia.
Anclamos en unas costas llenas de aromas nocturnos
con trinos de pájaros, aguas que dejaban en las manos
la memoria de una magna dicha.
Pero no terminaban los viajes.
Sus almas se hicieron una cosa con los remos y los escálamos
con el rostro severo de la proa
con la estela del timón
con el agua que deshacía sus rostros.
A su turno murieron los compañeros,
con ojos entornados, Sus remos
muestran el lugar donde duermen en la ribera.[3]
Nadie se acuerda de ellos. Justicia.
VI
El jardín con sus surtidores en la lluvia
los verás sólo desde la ventana baja
tras el vidrio empañado. Tu pieza
estará iluminada solamente por la llama del hogar
y a veces, a la luz de los relámpagos lejanos han de aparecer
las arrugas de tu frente, mi viejo amigo.
El jardín con los surtidores que era en tu mano
ritmo de la otra vida, fuera de los mármoles
quebrados y las columnas trágicas
y una danza entre los laureles-amargos
cerca de las nuevas canteras,
un vidrio opaco lo habrá cercenado de tus horas.
No respirarás. La tierra y la savia de los árboles
se precipitarán por tu memoria para golpear
sobre este vidrio al que golpea la lluvia
desde el mundo exterior.
VII
Viento sur
El mar se confunde hacia el poniente con una cordillera.
Ala izquierda sopla el viento sur y nos enloquece,
este viento que desnuda a los huesos de la carne.
Nuestra casa en medio de los pinos y los algarrobos.
Grandes ventas. Mesas grandes
para que te escribamos las cartas que te escribimos
tantos meses y las arrojamos
a la separación para colmarla.
Astro del alba, cuando bajabas los ojos
nuestras horas eran más dulces que el aceite
sobre la llaga, más agradables que el agua fría
al paladar , más serenas que las alas del cisne.
Sostenías nuestra vida en la palma de tu mano.
Después del pan amargo del exilio
por la noche si nos quedamos frente a la pared blanca
tu voz se nos acerca como esperanza de fuego
y de nuevo este viento afila
una navaja sobre nuestros nervios.
Cada uno de nosotros te está escribiendo lo mismo
y cada uno calla ante el otro
mirando cada uno el mismo mundo separadamente
la luz y la oscuridad en la cordillera
y a ti.
¿Quién levantará esta tristeza de nuestro corazón?
Ayer anocheciendo una lluvia torrencial y hoy
otra vez aplastante el cielo cubierto. Nuestros pensamientos
cual las agujas de pino del aguacero de ayer
reunidos e inútiles en la puerta de nuestra casa
quieren edificar una torre que se derrumba.
En estas aldeas diezmadas
sobre este promontorio descubierto al viento sur
con la cordillera delante de nosotros que te oculta,
¿quién nos calculará la decisión del olvido?
¿Quién aceptará nuestra ofrenda en este fin del otoño?
VIII
Pero qué buscan nuestras almas viajando
sobre cubiertas de barcos carcomidos
apretadas con mujeres amarillentas y pequeños que lloran
sin poder olvidarse ni con lo peces voladores
ni con los astros que señalan los mástiles en la punta.
Irritadas pro los discos de los fonógrafos
ligadas involuntariamente a peregrinaciones inexistentes
murmurando pensamiento cortados en lenguas extranjeras.
¿Pero qué buscan nuestras almas viajando
sobre maderos marinos putrefactos
de puerto en puerto?
Transportando piedras quebradas, respirando
más arduamente cada día la frescura del pino,
nadando en las aguas de este mar
y de aquel mar.,
sin contacto
sin hombres
en una partir que no es ya nuestra
ni vuestra.
Sabíamos que eran hermosas las islas
en algún lugar cerca de aquí donde buscamos a tientas
un poco más abajo o un poco más arriba
una distancia mínima.
X
Nuestro país es cerrado, todo montañas
que tienen por cubierta el cielo bajo día y noche,
No tenemos ríos no tenemos pozos no tenemos fuentes,
sólo unas pocas cisternas, vacías también ellas, que murmuran y que veneramos.
Eco estancado vacío, igual a nuestra soledad
igual a nuestro amor, igual a nuestros cuerpos.
Nos parece extraño que alguna vez hayamos podido construir
las casas las cabañas y nuestro apriscos.
Y nuestras bodas, las frescas coronas y los dedos[4]
devienen enigmas inexplicables para nuestras almas.
¿Cómo nacieron cómo se hicieron fuertes nuestros hijos?
Nuestro país es cerrado. Lo cierran
las dos negras Sympligades[5]. En los puertos
el domingo cuando bajamos a tomar aire
vemos al ocaso del sol iluminarse
maderos rotos de viajes que no terminaron
cuerpo que no saben ya cómo amar.
XII
Botella en el mar
Tres rocas unos pocos pinos y una capilla sola
y más arriba
el mismo paisaje copiado recomienza;
tres rocas en forma de pórtico, herrumbrosas,
unos pocos pinos quemados, negros y amarillos
y una casita cuadrada sepultada en la cal;
y más arriba todavía muchas veces
el mismo paisaje recomienza escalonado
hasta el horizonte hasta el cielo en ocaso.
Aquí anclamos el barco para reparar los remos quebrados,
para tomar agua y dormir.
El mar que nos llenaba de amargura es profundo e inescrutable
y despliega una serenidad infinita.
Aquí entre los guijarros hallamos una moneda
y la jugamos a los dados.
La ganó el menor y desapareció.
Nos volvemos a embarcar con nuestros remos quebrados.
XVIII
Siento tristeza porque dejé pasar un ancho río entre mis dedos
sin beber ni una gota.
Ahora me hundo en la piedra,
Un pino pequeño en la tierra roja,
no tengo otra compañía.
Cuanto amaba desapareció con las casa
que eran nuevas y el verano pasado
y que fueron arrasadas por el vendaval del otoño.
XX
En mi pecho la herida se abre de nuevo
cuando bajan los astros y se emparientan con mi cuerpo
cuando cae silencioso bajo las pisadas de los hombres.
Estas piedras que se hunden e los años ¿hasta dónde me arrastrarán?
El mar, el mar, ¿quién podrá agotarlo?
Cada aurora veo las manos que hacen seña al buitre y al halcón
ligado a este peñasco que llegó a ser mío por le dolor,
veo los árboles que respiran la oscura serenidad de los muertos
y después las sonrisas que no se mueven de las estatuas.
XXI
Nosotros que partimos para esta peregrinación
miramos las estatuas quebradas
nos olvidamos de nosotros y dijimos que no se pierde la vida tan fácilmente
que la muerte posee sendas inescrutables
y una justicia propia;
que cuando morimos erguidos sobre nuestros pies
hermanados en la piedra
unidos con la dureza y la debilidad,
los antiguos muertos escaparon del círculo y resucitaron
y sonríen en una extraña quietud.
XXII
Porque pasaron tantas y tantas cosas ante nuestros ojos
de las cuales nuestros ojos nada vieron, pero más allá
y detrás la memoria como la tela blanca una noche en un cercado
donde vimos visiones singulares, más extrañas aún que tú
pasar y desaparecer entre el follaje inmóvil de un pimiento;
porque conocimos tanto este nuestro destino
errando entre piedras quebradas, tres o seis mil años
buscando entre construcciones destruidas que acaso habrían sido nuestra propia casa
esforzándonos por recordad cronologías y hechos heroicos;
¿podremos?
Porque estuvimos atados y hemos sido dispersados
y combatimos con dificultades inexistentes como se decía
perdidos, reencontrando un camino lleno de regimientos ciegos
hundiéndonos en los pantanos y en el lago de Maratón,
¿podremos morir normalmente?
XXIII
Un poco aún
veremos los almendros florecer
los mármoles resplandecer al sol
el mar batirse
un poco aún
elevémonos un poco más alto.
[1] N. del Poeta: Los dedos en el brocal, como decía el poeta: “Y los justos según la Sagrada Escritura cuántos son? Y mientras cavilaba en esto, saltaban mis ojos sobre mis manos , que estaban apoyadas en el brocal”, Solomós, La mujer de zákithos.
[2] Las cuatro primeras líneas: texto en griego antiguo tomado de Platón, Alcibíades
[3] Odisea, XI, 75 y sig.: la sombra de Elpenor, el más joven de los compañeros de Ulises, pide que su remo sea plantado en la playa para perpetuar su nombre.,
[4] Coronas que se colocan e intercambia los novios en la ceremonia de bodas de la Iglesia Griega
[5] Sympligades: peñones errátiles de un estrecho mitológico, custodiados pos Escila y Caribdis, que se cerraba al paso de los navíos, destrozándolos.

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