Si bien aquello que uno pueda decir es mínimo; si bien la poesía no cambia el mundo, ni las palabras se vuelven jamás acciones, el pensamiento si tiene la fortaleza, el poder, de alzarse como fuego siguiendo una línea de pólvora. No es ni será mi pensamiento el final de la cadena; la gran explosión, pero es un corazón inflamado.
La conciencia es quizás en muchos casos la única acción disponible.
Hace más o menos un mes estoy leyendo en una escuelita de Santo Domingo como voluntaria; el proyecto consiste en acercar a los niños a la lectura; a enseñarles el buen sabor de una historia bien contada (nada de prejuicios ni buenos o malos libros, nada de espurios academicistas), sólo el arte de leer por placer.
Hoy a las 4.37 de la tarde, mientras comenzaba a la página 10 de Un pie en la oreja y el otro en la nariz, sonó la campana de simulacros. La maestra, los niños y yo salimos medianamente ordenados y tardamos 1.10 segundos en llegar a la zona de seguridad. Recordé mi época de primaria: en ese entonces todo se veía desordenado y todos saliamos corriendo sin ton y son sólo para la que la directora sin mucho tacto nos afirmará que de haber sido verdad el terremoto todos estaríamos muertos: "Muuuertos tooodos" decía arrastrando las letras. Esta directora no fue muy diferente y dio un discurso sobre los múltiples terremotos y la eminente cercanía de un monstruoso terremoto en México. Habló de Chile y de Haiti.
Cuando volvimos al salón los niños me preguntaron que si yo había estado en el terremoto del 85. En realidad no; pero les dije que si. Les platique las memorias que no son mías como si lo fueran y les conté las historias de mi padre, mi hermana, mi madres y mis amigos (incluyendo el relato que tengo vivo de Bandala). Llegando a casa busqué toda la información posible pues aunque estaba muy informada del terremoto en Haiti, poco sabía de Chile, pues estos días había andado muy ocupada en el trabajo.
Chile me duele porque representa muchas cosas para mí. Tengo clavado, y lo afirmo, el imaginario colectivo de lo latinoamericano. Me estremece lo pequeñísimos que somos ante la tierra; me estremece como el mundo sigue cuando toda una nación se conmociona (por un terremoto, por una guerra, por una crisis); como la vida no perdona y sigue, siempre sigue.
Investigue el número de la Cruz roja y mañana irá a hacer una donación. Estoy intentando que las palabras se vuelvan cosas; comienzo a odiar lo escrito cuando no tiene un referente real, pero, lectores, dista mucho del positivismo lógico. Sin embargo ¿Qué se hace? ¿Cómo explicar, decir y actuar? Por lo pronto, mañana voy al banco. Será la primera vez que lo haga y bueno, siempre hay muchas razones para no hacer las cosas, me basta una para hacerlo: ¿Serán cafiaspirinas para el corazón?
Hoy a las 4.37 de la tarde, mientras comenzaba a la página 10 de Un pie en la oreja y el otro en la nariz, sonó la campana de simulacros. La maestra, los niños y yo salimos medianamente ordenados y tardamos 1.10 segundos en llegar a la zona de seguridad. Recordé mi época de primaria: en ese entonces todo se veía desordenado y todos saliamos corriendo sin ton y son sólo para la que la directora sin mucho tacto nos afirmará que de haber sido verdad el terremoto todos estaríamos muertos: "Muuuertos tooodos" decía arrastrando las letras. Esta directora no fue muy diferente y dio un discurso sobre los múltiples terremotos y la eminente cercanía de un monstruoso terremoto en México. Habló de Chile y de Haiti.
Cuando volvimos al salón los niños me preguntaron que si yo había estado en el terremoto del 85. En realidad no; pero les dije que si. Les platique las memorias que no son mías como si lo fueran y les conté las historias de mi padre, mi hermana, mi madres y mis amigos (incluyendo el relato que tengo vivo de Bandala). Llegando a casa busqué toda la información posible pues aunque estaba muy informada del terremoto en Haiti, poco sabía de Chile, pues estos días había andado muy ocupada en el trabajo.
Chile me duele porque representa muchas cosas para mí. Tengo clavado, y lo afirmo, el imaginario colectivo de lo latinoamericano. Me estremece lo pequeñísimos que somos ante la tierra; me estremece como el mundo sigue cuando toda una nación se conmociona (por un terremoto, por una guerra, por una crisis); como la vida no perdona y sigue, siempre sigue.
Investigue el número de la Cruz roja y mañana irá a hacer una donación. Estoy intentando que las palabras se vuelvan cosas; comienzo a odiar lo escrito cuando no tiene un referente real, pero, lectores, dista mucho del positivismo lógico. Sin embargo ¿Qué se hace? ¿Cómo explicar, decir y actuar? Por lo pronto, mañana voy al banco. Será la primera vez que lo haga y bueno, siempre hay muchas razones para no hacer las cosas, me basta una para hacerlo: ¿Serán cafiaspirinas para el corazón?
Janik
1 comentario:
imaginate lo enorme que fue lo de chile que aca, en buenos aires, en los pisos altos de los edificios tambien se sintio...
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