Cuéntame los dedos le decía. Siete. Siete era la cuenta final siempre. Yo sonreía. Ahora todo se ha sumergido en una turbia agua marina. Las olas no saben perdonar al mar por eso le aman.
Nado del cuarto a la sala. Esta agua arenosa no me permite ver los objetos. Quizás sea mejor de ese modo. Quizás opte un día por ahogarme dormida en este mar que me regaló, como inédita consolación de la partida.
Cinco. La cuenta no da más, eso me duele. Tres dedos he perdido en el mar y ya no puedo, observar el lecho coralino que los guarda.
Ahora floto sin tocar el piso y los objetos, huyen de mí como peces de colores. Turbio mar es la tormenta. La ola que se alza y destruye todos los puertos del mar de un solo golpe. Así la huída de los objetos se convierte en llaves para abrir que ya no cierran.
Flotando entre la arena ya no encuentro, dónde esconder, de qué manera. Los recuerdos que en mi mente se ahogan, los fantasmas multicolores de los peces son almas agotadas que no tienen como regresar al cuerpo que las guarda.
Cuéntame los dedos al mar pido. Pero salino en la herida su silencio de ola se abre. Cinco y ya no pasa. El turbio mar de la partida, duele más sin marejadas.
Nado del cuarto a la sala. Esta agua arenosa no me permite ver los objetos. Quizás sea mejor de ese modo. Quizás opte un día por ahogarme dormida en este mar que me regaló, como inédita consolación de la partida.
Cinco. La cuenta no da más, eso me duele. Tres dedos he perdido en el mar y ya no puedo, observar el lecho coralino que los guarda.
Ahora floto sin tocar el piso y los objetos, huyen de mí como peces de colores. Turbio mar es la tormenta. La ola que se alza y destruye todos los puertos del mar de un solo golpe. Así la huída de los objetos se convierte en llaves para abrir que ya no cierran.
Flotando entre la arena ya no encuentro, dónde esconder, de qué manera. Los recuerdos que en mi mente se ahogan, los fantasmas multicolores de los peces son almas agotadas que no tienen como regresar al cuerpo que las guarda.
Cuéntame los dedos al mar pido. Pero salino en la herida su silencio de ola se abre. Cinco y ya no pasa. El turbio mar de la partida, duele más sin marejadas.
Janik
2 comentarios:
Es un texto precioso. Lo voy a leer más veces. Un saludo.
gracias, todavía habra que trabajarlo un poco pero bueno jejeje por eso este lugar es un taller...un tallercito.
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