El ritual del cementerio se ha mantenido casi intacto. Sin necesidad de rebuscar en la memoria el camino a la tumba de mi abuela es de las pocas cosas que recuerdo exactas. Y no es que pueda decirte: tres tumbas a la derecha, da vuelta en el cristo grande y cuatro tumbas atrás. Cada año seguimos en fila el trayecto sólo con el corazón. Basta sentir la marca de la sangre en el aire, los señalamientos familiares que te dicen: esta es la senda correcta.
Hemos tallado el camino polvoso entre las tumbas a fuerza de vivir y seguir viniendo.
Aquí es común. Es un ritual que la gente de Uruapan, la familia de mi padre no ha olvidado. Serán tantas cosas las que mantienen intacta la costumbre. Será que aquí la familia se ha vuelto vieja, atávica. Será que aquí las casas están ya dominadas por viudas nostálgicas que extienden como designio de su matriarcado la ley del cementerio.
Nosotros, extranjeros, también nos acatamos a la legislación familiar. Cada vez que ponemos un pie en el pueblo de mi padre es también poner un pie en el cementerio. Es pararnos frente a la tumba de mi abuela, silenciosos, con la mirada al piso. Despacharnos rápido, no más de quince minutos. Corremos el riesgo de encontrar a otro de la familia que cumple legalmente con la cuota de luto que impone vivir en el pueblo.
Allá en la ciudad los cementerios no existen. Nunca he escuchado a algún amigo, a alguien cercano decir: Voy al cementerio, no puedo ir al cine.
Allá los cementerios son pintados, son simplemente para no sentir demasiada culpa o aún más probable, por la gigantesca pereza de mover demasiado al muerto en una ciudad donde el tiempo apremia y los novenarios están casi extintos.
Será también que mi familia en la ciudad es joven. No nos detenemos a pensar mucho en la muerte. Mi madre aún cría hijo y yo no me iré de la casa en largo tiempo, entonces la vida ilusoriamente no tienen nada que ver con las astromelias y siemprevivas que compramos para la abuela. Es curioso mi padre sólo compra flores por el cementerio o el día de la madre.
La muerte pasó sombra en la familia cuando era una niña y entonces la familia era vieja. Pero precisamente se llevo a las melancólicas matriarcas y a los tíos bonachones sin dientes. Nos volvió nuevos pues ya no hay viejos a los que esperemos ver morir.
En la ciudad la muerte se nos olvida. Por eso somos pequeños fantasmas que van y vienen con carencia de vocablos fúnebres.
Pero los cementerios no son sólo para tristear. Eso me lo ha enseñado mi padre. No son sólo incómodos silencios que se vierten en cuotas vacacionales por quince minutos. Los cementerios representan otra cosa: que de un lugar hemos venido y a un solo lugar regresaremos. Es por ello que el rito de la ceniza es el único rito que subsiste en mí tras la deserción a la iglesia y las gelatinas dominicales.
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Un día nuestros padres morirán. Quedaremos sólo hermanos guarecidos en una choza imaginaria pues en realidad estaremos dispersos, cada quién formara su propia vida y quizás nosotros, que nos cuesta tanto que llegue el amor, apretaremos el rostro dignamente mientras morimos de miedo.
Entonces tendremos que recuperar el amor a los muertos. Ya lo dijo el exiliado: entonces algunos parecerán mucho más cercanos, les hablaremos quedo intentando no llorar.
Un día mi padre morirá y ya no podré escribirle. Temeré que las palabras ahonden demasiado y calen sus entrañas. Me has convencido, escribo para los muertos que callados, por no tener nada más que hacer en los nichos oscuros, esperan la breve misa de mis versos.
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3 comentarios:
AL escuchar de nuevo tu texto (digo escuchar porque lo he leìdo en voz alta) surge en esta peregrina apòcrifa un pensamiento... "Reflexionar sobre la muerte es reflexionar sobre la vida"
Tenemos lìmtes, y como vos decìs: de un lugar venimos y a un lugar regresaremos.
La finitud humana, hacer carne esa finitud quizà sea una via para que nuestro camino por el mundo sea si no màs feliz (¿quien demonios sabe que es la felicidad?) si con menos làpidsa en las espaladas...
Gracias por compartir tus pensamientos
Aurita
me tope con este sitio y... wow, me encanto esta filosfía del culo (debido a lo que pones en tus ultimos posts). Te sorprendera que tengo el mismo nombre que tu, solo que... yo soy hombre. (eres la tercer coincidencia que me encuentro en la web).
eres muy buena para escribir
Janik Ramirez
df
Estimado homonimo mío.
La gigantesca sorpresa de encontrarme alguien con mi nombre, aunque por alguna razón sospecho no es el mismo aunque suene igual pues pocos manejan el purepecha y generalmente las acepciones son nahuatls, creo yo.
Lo del culo es trauma constante y profundo como todo culo debe ser.
Bueno que extrañisimo es que alguien aparte de Oso y Gaby lean mis marihuanadas. Ojala pueda decirme la acepcion de su nombre.
janik
tzitzism@hotmail.com
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